
Es un hecho: hoy en día, más del 20 por ciento de los niños americanos (40 millones de niños en edad escolar, más de uno de cada cinco) se ven afectados por problemas de visión que puede suponer una amenaza significativa en el aprendizaje.
Teniendo en cuenta ésta alarmante estadística, la mayoría de los padres deben asegurarse de que sus hijos reciban atención de calidad de la salud visual, ya que es necesaria para el éxito en el aula.
Cuando se trata de proteger la vista de los niños (con o sin gafas) las buenas noticias son que la mayoría de los trastornos de la visión en los niños pueden ser rápidamente corregidos y sin dolor. Lo más adecuado es llevar al niño regularmente a realizarse exámenes de la vista con el objetivo de detectar señales de advertencia que podrían indicar un problema de visión.
Se recomienda que la primera consulta de salud visual sea realizada a los 6 meses de edad para asegurarse de que los ojos del niño se están desarrollando normalmente. Posteriormente, ya terminado el desarrollo ocular (3-4 años), se recomienda un segundo análisis antes del ingreso al jardín de niños. Después de eso, los niños deben recibir un examen de la vista cada año.
Durante estas evaluaciones, el médico encargado de la salud visual puede determinar fácilmente si el niño tiene una condición visual que requiera gafas. Estas condiciones pueden incluir la miopía, hipermetropía, estructural irregular en los ojos (astigmatismo) y algunas otras condiciones como la ambliopía, u "ojo perezoso” en la que los músculos del ojo no se alinean o coordinan correctamente para la eficacia de la visión.
Si bien es cierto que las gafas pueden mejorar a menudo una visión del niño, no siempre son el tratamiento adecuado. El examen periódico de la vista puede dar la respuesta a esa incógnita, estos exámenes no tienen que ser incómodos o desagradables para los niños, quienes desde temprana edad pueden entender la importancia de cuidar de su visión.