Un aprendizaje fructífero es siempre positivo y lleno de sentido

SUIZA.- Las investigaciones recientes sobre el tema de la motivación en la pedagogía actual diferencian dos tipos de motivación: la intrínseca y la extrínseca. Un incentivo positivo de parte del maestro o de un padre o madre, como un elogio por ejemplo, mejora la disposición del desempeño del alumno. Sin embargo, la motivación que proviene del alumno mismo es más fructífera en términos de aprendizaje. Que un niño se sepa autosuficiente y capaz de responder ejercicios por sí mismo, lo motiva más que una recompensa del maestro, más aún cuando se trata de alumnos “débiles”.

Según Jenna Müllener directora del Pädagogisches-Praxis Zentrum, el éxito propio incentiva incomparablemente más al alumno y hace más prescindible el uso del elogio en las aulas. Cuando un niño advierte que puede resolver los ejercicios con sus propias fuerzas y capacidades cada vez más y mejor, experimenta una motivación constante. Para fomentar dicha experiencia, algunos investigadores como A. Krapp, H. Rau y M. Perrez, proponen tomar en cuenta cuatro aspectos centrales de la motivación. El primero se refiere al “ajuste” que el maestro debe hacer de acuerdo a las capacidades de los niños. Tanto una sobre- exigencia como una exigencia por debajo de sus capacidades son contraproducentes en términos de eficacia en el aprendizaje. Si los ejercicios son demasiado difíciles de resolver, el fracaso está garantizado y ello provoca un influjo negativo en la autoconfianza y la autovaloración. Después de múltiples fracasos, los estudiantes pueden bloquearse para resolver incluso los ejercicios fáciles. Por el otro lado, exigirles por debajo de sus capacidades provoca que los alumnos resuelvan los ejercicios sin ganas y faltos de preocupación. La clave es “desafiarlos” según sus capacidades. Un segundo aspecto es la “transparencia del objetivo del aprendizaje”, esto es, hacer saber a los alumnos para qué y con qué fin se realizan los ejercicios. Darles un panorama de lo que se trabajará en clase es darle sentido a lo que realicen en ella. Ya no se trata de hacer ejercicios porque así es la voluntad del maestro sino porque su sentido y objetico ya está aclarado y previamente aceptado por los estudiantes. El tercer aspecto se refiere a un “clima agradable” en clase. Manfred Spitzer demostró que nuestro conocimiento relacionado con sentimientos positivos se archiva en un lugar diferente del cerebro (en el hipocampo) que aquel relacionado con sentimientos negativos tales como el miedo, malestar y la ira. El hipocampo es el responsable de conectar y relacionar el conocimiento adquirido con nuevas situaciones y experiencias para utilizarlo de manera creativa. El cuarto aspecto a considerar es el hecho de que el conocimiento también puede almacenarse en lugares indeseables, como por ejemplo en la amígdala cerebral. Esta zona del cerebro sirve para reaccionar rápidamente a situaciones amenazadoras o peligrosas a través de la evasión, la lucha o la huída. Saber que no debo de tocar un sartén caliente para no volver a quemarme, pertenece al conocimiento de la amígdala cerebral. Sin este tipo de conocimiento el hombre no puede sobrevivir, sin embargo, en términos educativos escolares, cuando el conocimiento se almacena en esta parte del cerebro significa que el alumno relaciona el contenido educativo con emociones negativas, lo cual no es en manera alguna motivacional. El aprendizaje eficaz está regido por la motivación; es siempre positivo, lleno de sentido y desarrollado en un clima agradable en clase.