Alternativas a la escolaridad tradicional (Parte II)

Aprender a vivir, aprender a aprender. Número 90

La educación inicial es uno de los campos más propicios para la conformación de alternativas de alto impacto a la escolaridad tradicional. Entendida como esfuerzo intencional, desarrollado durante los primeros años de vida de las personas para desarrollar determinados aprendizajes de trascendencia para la vida y, de manera particular, para el adecuado aprovechamiento de las oportunidades educativas asociadas a con la educación formal, la educación inicial demanda, por su propia naturaleza, la generación de formas alternativas de concebir y llevar a cabo el quehacer educativo.

Con frecuencia se señala que, desde el punto de vista del desarrollo de las personas, lo que sucede durante sus primeros cinco años de vida es lo más trascendente para la conformación de sus capacidades. En tal sentido, puede afirmarse que la etapa de mayor “educabilidad” transcurre, de manera usual, en el hogar. En algunos casos, con participación de otras instituciones como las que ofrecen atención a la familia, las de educación inicial y las de educación preescolar. 

El desarrollo cerebral, experimentado durante estos primeros años de vida, y la asombrosa capacidad para lograr el dominio del lenguaje oral, son dos de los indicadores de la extraordinaria capacidad de aprendizaje que se manifiesta en la infancia temprana.

Cabe destacar, también, que el desarrollo emocional, social e intelectual de los seres humanos pareciera ser influenciado, de manera determinante, por el contacto que tienen durante los primeros años vida con los adultos, en especial con aquellos que les proporcionan afecto, nutrición y protección.

Desde los primeros meses vida, ese desarrollo se muestra en el reconocimiento de estímulos, en particular de movimientos, imágenes y sonidos de diversa naturaleza, que son precursores de la capacidad de interacción con las personas y los objetos. Interacción que es de naturaleza no verbal en sus primeras etapas, y progresivamente es asociada y fortalecida con la emergencia progresiva del lenguaje. En esa capacidad de interacción empiezan a manifestarse, también, reacciones de gusto o disgusto, que, dependiendo de las circunstancias pueden asociarse, de manera progresiva, con la manifestación de emociones como la alegría, la tristeza, el cariño o el enojo.

A la luz de los aprendizajes adquiridos, o dejados de adquirir, durante la infancia temprana, la educación formal pudiera considerarse como un esfuerzo en cierto sentido tardío. Porque, aún sin poder reconocerlo de manera explícita, está condicionada por los aprendizajes adquiridos, o desatendidos, antes de que los niños empiecen a experimentar cualquier forma de escolarización. 

Es notable la carencia de esfuerzos sistemáticos de educación inicial. Los que existen, señalan, sin duda, un camino que hay que ampliar y extender en los más distintos ámbitos de la sociedad.

Por otra parte, a la luz de la evidente necesidad de fortalecer el involucramiento de las familias en el desarrollo de la educación, resulta imprescindible que el fomento de iniciativas que estén focalizadas en la formación de las madres y los padres de familia, les sirvan para compartir información y experiencias, y para adquirir aprendizajes específicos que sean relevantes para la crianza y el desarrollo emocional e intelectual de sus hijos.

Las iniciativas orientadas a la formación para la educación inicial serían relevantes, desde luego, no solo para quienes tienen ya la responsabilidad de encabezar una familia, lo serían también para quienes, en el futuro, pudieran asumir esa responsabilidad. En relación a esto, puede argumentarse que el impulso de iniciativas sería una aportación sustantiva para la formación de cualquier ser humano, y en consecuencia, debiera ser una tarea atendida por los sistemas formales de educación. Consolidar esa vía de argumentación puede ser una forma de mostrar, de manera concreta, que el quehacer educativo está tratando de centrar su interés primordial en el desarrollo de las personas.

El impulso y la aplicación de programas, orientados al desarrollo de capacidades para intervenir en la formación de los seres humanos durante sus primeros años de vida, significa la generación de espacios organizacionales, el involucramiento de actores sociales y la creación de metodologías de trabajo, más allá de las concepciones y las prácticas convencionales de la educación formal.