Aprendizaje del pensamiento

Aprender a vivir, aprender a aprender. Número 88

El aprendizaje del pensamiento se expresa en significados, sentimientos, decisiones e imágenes, en creaciones cuyas únicas limitaciones son las que nos impone nuestra propia capacidad de pensar. Es un aprendizaje que, quizá, debiera expresarse en términos de ese conocimiento que algunos prefieren llamar sabiduría.

Aprender a pensar demanda una concepción siempre activa del aprendizaje. Demanda concebir la manera de aprender como una expresión concreta del aprendizaje mismo, que no es accidental, que determina el sentido, el significado y el valor de ese aprendizaje.

Pensar, demanda interactuar, resolver problemas, trabajar para cumplir propósitos, comunicarse, utilizar los aciertos y los errores, involucrarse, discernir, decidir, asumir riegos y responsabilidades. Pensar, demanda crear y fortalecer vínculos de amistad, confianza y solidaridad con las demás personas, así como de valoración, respeto y cuidado de la naturaleza. Pensar, demanda aprender a encontrarle sentido a la vida y disfrutarla, con los que compartimos en la intimidad, con los que compartimos el trabajo y con los que nos encontramos de manera casual. Todo ello requiere esfuerzo, perseverancia y carácter.

Aprender a pensar requiere esfuerzo, perseverancia e inteligencia, porque supone explorar, siempre con riesgos e incertidumbres, la condición propiamente humana del aprendizaje. Aprender a pensar, significa realizar un esfuerzo deliberado por rescatar el sentido propiamente humano de la educación, porque en el mundo actual, y en el porvenir que podemos vislumbrar, lo que se está jugando es el porvenir de la condición humana. ¿Qué nos queda de la educación, si no la asumimos como una tarea en la que se pone en juego el significado y el destino de la condición humana? Nos quedaríamos, tal vez, con esquemas carentes de vida, que tal vez puedan describir y explicar, pero que no inspiran ni entusiasman. Nos quedaríamos con procedimientos y rutinas. Nos quedaríamos con maquinarias implacables, que tratan a los seres humanos como recursos que es preciso transformar. Nos quedaríamos con ritualidades ajenas a los pensamientos, los sentimientos, los compromisos y las imaginaciones, que solo pueden originarse y nutrirse en el corazón y la mente de cada persona.

Aprender a pensar demanda el dominio de algunos aprendizajes instrumentales, que son determinantes para convivir con los demás, ganarse la vida y contribuir al bienestar personal y colectivo. De estos aprendizajes podemos destacar los siguientes: aprender a comunicarse, aprender a compartir, aprender a contribuir y, aprender a crear.

Aprender a comunicarse utilizando lenguajes y códigos diversos, en continuo proceso de mutación, es una condición necesaria del desarrollo del pensamiento. Cabe destacar la necesidad de que, de manera creciente, se preste atención a la necesidad de acceder al dominio de lenguajes para interactuar con las máquinas, pues, de manera creciente, la comunicación humana dependerá de esa interacción.

Aprender a compartir resulta indispensable en un mundo cada día más interconectado, en el que las interacciones sustentadas en la búsqueda del mero beneficio individual resultarán insuficientes para propiciar la seguridad y realización de las personas y las colectividades. Por lo tanto, es necesario aprender a contribuir a la sociedad, de acuerdo con las propias capacidades, tan pronto como ello pueda ser posible y con independencia de las condiciones de origen social, ya que el desarrollo de la capacidad para procurar el bienestar propio y ajeno, mediante el trabajo y la aplicación de habilidades útiles para ganarse la vida de manera honesta, es una expresión fundamental de la dignidad de las personas y una de las formas más eficaces para aprender a pensar.

Aprender a crear es una necesidad fundamental de la expresión educativa de la libertad. Es una de las manifestaciones más pertinentes del desarrollo de la sensibilidad y la imaginación. Aprender a crear demanda una atención esmerada a los intereses y capacidades de cada persona, y ofrece oportunidades para establecer vínculos de interacción significativa con los demás. Es ampliar los horizontes para el encuentro con los otros, para enriquecer nuestra noción del mundo y para explorar las posibilidades de nuestra conciencia.