El coyote y el correcaminos

Superciencia. Número 102

Sin duda, se trata de una de las mentes más creativas del siglo XX. Es un genio que predica en el desierto, un luchador incansable que, sin importar las veces que fracase, se levantará nuevamente. Es Wile E. Coyote.
Luis Javier Plata

El coyote y el correcaminos son los personajes de una serie de dibujos animados creada en 1949 por el estadounidense Chuck Jones para la Warner Brothers.

Esta simpática serie alegró nuestros años infantiles y juveniles cuando disfrutábamos las hazañas de los protagonistas. La trama es muy sencilla: el correcaminos, pájaro velocísimo (Geococcyx californianous) es perseguido en las carreteras del desierto del sudoeste de los Estados Unidos de Norteamérica por el hambriento coyote (Canis letrans).

El sonido Bip Bip, emitido burlonamente por el escurridizo correcaminos, era muy popular en los años sesentas. En mis años infantiles nunca logré comprender por qué el coyote, a pesar de ser un genio de la física y de la tecnología nunca podía atrapar al correcaminos, animal ignorante cuya única virtud era correr a gran velocidad.

Cierta ocasión, comentando esta simpática caricatura con mis estudiantes de Física Moderna en la Escuela de Graduados de la Normal Superior Moisés Sáenz Garza, uno de ellos comentó que nuestro ingenioso coyote jamás pudo atrapar al correcaminos porque se lo impedía el Principio de Incertidumbre de Heisenberg que dice: Es imposible medir simultáneamente, y con precisión absoluta, la posición y la cantidad de movimiento de una partícula (Stewart, 2013).

Esto significa que la precisión con que se pueden medir las cosas es limitada, y el límite viene fijado por la constante de Planck.1

Así que para atrapar al correcaminos, el coyote necesitaba conocer su velocidad y su posición, y esto significaba violar El Principio de Incertidumbre formulado en la primera mitad del siglo XX por el  físico alemán Werner Karl Heisenberg. Cabe aclarar que la simpática observación del estudiante era un comentario en broma, ya que el principio de incertidumbre opera en el nivel de las partículas subatómicas, allí donde el solo hecho de observar una partícula modifica su estado.

En todos los episodios, el sufrido y hambreado Canis letrans monta diversos artefactos marca ACME (publicidad subliminal hacia los monopolios), pero nunca logra su objetivo. Esto no significa que la ciencia y la tecnología sean inútiles. Lo que sucede es que los protagonistas viven en un “desierto ficticio”, donde “la física” está en contra del sufrido coyote.

Analicemos algunos aspectos de lo que aquí comento:

A pesar de que el coyote diseña o compra resortes, poleas, estructuras, catapultas, patines, arcos, cañones, resorteras, péndulos, arpones, y hace cálculos acerca del alcance de un proyectil lanzado parabólicamente, la que sale lanzada es la catapulta y no la piedra.

Las Leyes de Newton no existen en el “país” que habitan nuestros protagonistas. Ahí, los cuerpos suspendidos en el espacio permanecerán suspendidos hasta que se den cuenta de su situación. Con frecuencia el coyote, en su persecución, queda suspendido en el aire al borde de un acantilado y no cae hasta que voltea hacia abajo, es entonces que actúa la gravedad sobre la masa de su cuerpo, más nunca con los efectos reales, porque la energía cinética que adquiere no lo destruye al impactarse con el piso.

Otra violación a las leyes de la física se observa cuando un objeto lanzado horizontalmente recorre una trayectoria rectilinea y no parabólica, desconociendo la acción de la gravedad.

Es importante puntualizar que en nuestra realidad, gobernada por las leyes de la física, el coyote, representante de una mente racional y emprendedora, un personaje creativo, conocedor de la ciencia y la tecnología, sí logra atrapar al correcaminos, representante de una mente irracional, un ser ignorante, necio, oscurantista, supersticioso (Plata, 2016).

 

Referencias

Plata, L. (2016). La Física del Coyote y el Correcaminos. México: Ediciones Culturales Paidós.

Stewart, I. (2013). Ecuaciones que cambiaron el mundo. Barcelona, España: Editorial Planeta, S.A.