El llano en llamas

Entretextos. Número 21

Para Rogelio Reyes

A finales de los setentas del siglo pasado estudiaba en la Escuela Normal “Miguel F. Martínez” de Monterrey, Nuevo León. Adicionalmente, realicé estudios en la Preparatoria No. 3 Abierta para Trabajadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Recuerdo que una de las materias que más me gustaba era el Taller de Lecturas Literarias, donde estudié y disfruté los clásicos de la literatura mundial y algunos de los escritos del llamado “Boom Latinoamericano”. Entre las lecturas que más me impactaron en ese tiempo -que después comentaba con mis amigos del taller literario “Fragua” de la Escuela Normal- se encontraba el universo mágico de Juan Rulfo.

Rulfo es uno de los escritores mexicanos más conocido en el mundo. Su obra breve, profunda, imaginativa y poética ha cautivado a lectores de distintas culturas y lenguas. Cuento, novela, guiones para cine, descripciones de lugares y fotografías forman parte de su producción artística. Precisamente en este 2017 se cumple un centenario del nacimiento de este narrador jalisciense. Estas líneas resultan ser un sencillo homenaje a su obra.

El libro El Llano en Llamas (Rulfo, 2016a), publicado en 1953, es una obra que reúne 17 cuentos. El primero Nos han dado la tierra relata la desgracia de un lugar inhóspito donde no se quiere vivir. La cuesta de las comadres trata la confesión de una muerte pertrecha. La desgracia de una familia es contada en Es que somos muy pobres. El hombre comprende un relato de una persona perseguida. En la madrugada se narra el despunte del alba en un pueblo y el enfrentamiento de dos hombres. En Talpa se comenta el viaje de un moribundo hasta su destino final. Un monólogo de un huérfano que cuenta desdichas y deseos es presentado en Macario. El cuento El llano en llamas es la narración de unos soldados revolucionarios y sus destinos finales e inciertos.

¡Diles que no me maten! resulta ser una imploración de un condenado y una venganza recobrada. La tristeza de un pueblo se aprecia en Luvina. En La noche que lo dejaron solo se presenta la angustia de un combatiente de la Guerra Cristera. Paso del norte trata de la tragedia de un migrante que viaja a Estados Unidos para intentar progresar, y regresa a México en peores condiciones. El recuerdo de un asesinato se explica en Acuérdate. El diálogo entre dos familiares que se acercan a una población se da a conocer en No oyes ladrar los perros. El día del derrumbe es un relato sarcástico de la visita de un gobernante a un pueblo, después de un terremoto. La herencia de Matilde Ángel es una historia de una mujer y la venganza de su hijo.

Anacleto Morones es el último cuento del libro que recrea las andanzas de un curandero pueblerino con su socio gandul Lucas Lucatero. Este cuento ha sido llevado al cine como El rincón de las vírgenes, con la dirección de Alberto Isaac. En el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato, edición 2017, se presentó una ópera basada en este relato.

El siguiente libro de Rulfo (2016b) fue Pedro Páramo, publicado en 1955. Se trata de una  novela corta, imaginativa y creativa, que ha sido considerada como una de las precursoras de los movimientos de ruptura de la literatura iberoamericana.

Por otra parte, Rulfo(2016c) también cuenta con la publicación El gallo de oro, que tiene dos versiones realizadas como películas: una dirigida por Roberto Gavaldón y otra adaptación de Arturo Ripstein, titulada El imperio de la fortuna. En su incursión al cine, participó con guiones de dos cortometrajes: El despojo y La fórmula secreta. Como dato curioso, este escritor aparece en una escena de la película En este pueblo no hay ladrones, que es considerada como una obra de culto para algunos cinéfilos.

Si bien Juan Rulfo se puede considerar como posterior al movimiento de la novela revolucionaria, su estilística se coloca en la vanguardia de la posmodernidad del siglo XX. Gabriel García Márquez (1996) comparó el descubrimiento de la obra de Rulfo como el que tuvo con Franz Kafka. Expresó que contrario a los grandes escritores, fue una persona que se leía mucho, pero de quien se hablaba poco. No dejó más de 300 páginas escritas, lo suficiente para ser perdurables, como las de Sófocles –sintetizó en su comentario.

En el verano de 2000, la periodista regiomontana Sanjuana Martínez nos obsequió, amablemente, el libro Aires de las colinas, que contienen las misivas de Juan Rulfo (2000) a Clara Aparicio, novia y esposa, “cariño amoroso” de su vida. Recuerdo que Sanjuana me platicó que la presentación del libro fue todo un acontecimiento literario y cultural de un escritor -ya fallecido- en Madrid. Resultó ser homenaje mundial a un escritor mexicano.

Además de literato, Juan Rulfo fue un buen fotógrafo. En 1989 visité una espléndida exposición fotográfica Nada de esto es sueño, en el Museo Franz Mayer de la ciudad de México. Sus imágenes en blanco y negro, oníricas y desoladas, presentan una mirada antropológica y paisajista con profundidad de campo. Por cierto, el libro Juan Rulfo (2002) Letras e imágenes, impreso por la Fundación Juan Rulfo en Japón, presenta textos y fotografías sobre lugares y edificaciones que describen mayormente el México rural, aunque también hay referencias citadinas como una imagen de la Catedral de Monterrey que tiene el fondo del Cerro de la Silla.

Antes de finalizar este escrito, debo comentar que, el gusto por la obra de Juan Rulfo es atemporal. Lo mismo atrapa al lector en su adolescencia como en una etapa más madura. Eso me sucedió a mí. Ahora que ya han pasado los años, pienso que su escritura refleja mucho de la cultura mexicana y nos permite vivir sueños indescifrables. Una lectura o relectura de su producción literaria siempre es benigna. Lo mismo puede aprenderse de ella en la escuela, en algún espacio público o en los hogares. La compresión lectora de la obra rufiana resulta placentera.

Emmanuel Carballo fue un crítico literario astuto y, a veces, provocador, incluso acucioso. En su predicción orientada en certidumbre, indicó una trayectoria holística de Rulfo: “… fue un enigma en movimiento, un narrador terriblemente elemental y angustiosamente complicado. Su obra, breve y magnífica, cerró un periodo de nuestras letras (el de la narrativa rural) y apuntó hacia una nueva etapa en el arte de contar historias” (2014, p. 535).

Lo que puede presentarse para el porvenir y ventura del creador de El llano en llamas, Pedro Páramo y El gallo de oro, entre otras producciones artísticas, ya es historia, presente y futuro: realismo mágico.

 

Referencias

Carballo, E. (2014). Protagonistas de la literatura mexicana. México: Alfaguara. Segunda reimpresión.
García, G. (1996). Breves Nostalgias sobre Juan Rulfo. En: Juan Rulfo. Toda la Obra. Claude Fell (Coordinador). España: ALLCA XX y Fondo de Cultura Económica. Segunda edición. Pp. 901-903.
Rulfo, J. (2000). Aire de las Colinas. Cartas a Clara. España: Editorial Debate.
             (2002). Juan Rulfo. Letras e Imágenes. Japón: Editorial R M.
             (2016a). El Llano en Llamas. México: Editorial R M & Fundación Juan Rulfo.
             (2016b). Pedro Páramo. México: Editorial R M & Fundación Juan Rulfo.
             (2016c). El Gallo de Oro. México: Editorial R M & Fundación Juan Rulfo.