Impacto del desarrollo científico y tecnológico (Parte II)

Aprender a vivir, aprender a aprender. Número. 81

La visión de los demás y de nosotros mismos, desde la perspectiva del desarrollo científico está asociada, de manera especial, con la descripción, el análisis, la replicación y la interpretación de los fenómenos que caracterizan la estructura y el funcionamiento del cerebro humano.

La neurociencia y el desarrollo de la inteligencia artificial son expresiones sobresalientes de la revolución de las ideas, que se ha venido gestando en torno al desarrollo contemporáneo de la ciencia y la tecnología. Día con día se están encendiendo nuevas luces para poder apreciar, desde perspectivas novedosas, los fenómenos mentales, en particular los asociados con el aprendizaje. 

Cada día que pasa, las funciones de los artefactos computacionales se asemejan con mayor fidelidad, y se asimilan de manera más eficiente a las formas características de funcionamiento del cerebro humano. Este hecho, aunado a la emergencia inusitada de formas de intercomunicación entre esos artefactos y de la interacción de los seres humanos, a través de ellos y con ellos, está impulsando la continua generación de maneras alternativas de utilizar la información, concebir la inteligencia y expresar el aprendizaje.

Hace apenas unas décadas, Alan Turing propuso la posibilidad de construir máquinas, cuyas respuestas pudieran ser indistinguibles de las que daría un ser humano. Hoy en día podemos tener, en la palma de nuestra mano, dispositivos que se acercan a lo que Turing imaginó. En el horizonte de un futuro cercano, se vislumbra ya la posibilidad de inteligencias artificiales simbióticas con la inteligencia humana y, en distintos sentidos, superiores a la humana.

Es notable que la inteligencia artificial se exprese cada vez menos en términos de la repetición mecánica de procedimientos preestablecidos, aún aquellos que involucran desarrollos lógicos de gran complejidad. Cada vez más, tiende a expresarse en términos de la capacidad de generar esos procedimientos, en función de la acumulación ordenada de información, en particular de información que las máquinas pueden derivar de su interacción con el ambiente en que funcionan.

Las máquinas se están acercando al desempeño de comportamientos que, hasta ahora, se pensaron como exclusivos de los seres humanos, como la identificación y aplicación de patrones, la construcción de inferencias, el manejo de la incertidumbre y la generación de significados propios de aquello que denominamos “sentido común”.

De manera silenciosa e imperceptible, pero a la vez constante, las máquinas están dejando de ser objetos que son programados para realizar rutinas predeterminadas, para transformarse en entidades que son capaces de aprender y, en consecuencia, de construir e intercambiar patrones significativos, entre ellas mismas y con los seres humanos. El acervo de recursos para concretar esa construcción y ese intercambio está creciendo de manera constante, y es ya, en la práctica, ilimitado. No se trata de ficciones, es un flujo permanente de plataformas y aplicaciones computacionales para satisfacer una gama, cada vez más diversa, de necesidades, que está marcado por una migración constante de capacidades humanas hacia un mundo computarizado.

En ese contexto, ya han empezado a aparecer algunos recursos que pretenden facilitar el logro de determinados propósitos educativos que, hace pocos años, podrían haberse considerado inalcanzables. Algunos de ellos hacen ya posible, por ejemplo, que las computadoras puedan funcionar de manera relativamente autónoma para orientar y monitorear aprendizajes específicos, de manera individualizada, de conformidad con las características, intereses y el ritmo de progreso de cada estudiante; desplegar y controlar ambientes virtuales, a fin de propiciar aprendizajes de naturaleza vivencial; y, facilitar la integración de comunidades de aprendizaje colaborativo, que trascienden las fronteras convencionales de tiempos y espacios, que son características de los programas educativos y las instituciones de enseñanza tradicionales. Son apenas tanteos iniciales, no podemos imaginar lo que el futuro nos depara.

La aplicación creciente de este tipo de desarrollos tiene el potencial de trastocar, de forma radical, el sentido y el significado de la enseñanza y el aprendizaje. El desarrollo científico y tecnológico, y en especial las vertientes del mismo que aquí se destacan, permean, cada día de forma más evidente, ese sentido y ese significado. Están abriendo nuevos espacios que desbordan los esquemas convencionales de organización y funcionamiento de los sistemas educativos y que, más temprano que tarde, habrán de trastocarlos.

De cara a esta situación, para todos los países resulta indispensable procurar el desarrollo de capacidades que les permitan apreciar con claridad y responder con oportunidad y pertinencia a los desafíos, a las oportunidades y a los riesgos que se están conformando de manera creciente y acelerada, en los espacios de actuación social determinados por el desarrollo científico y tecnológico. No hacerlo, o dejar que otros lo hagan, significaría asumir el riesgo de que sus sistemas educativos se extingan de pura decrepitud, debido al peso insostenible de su anacronismo.

El desarrollo de las neurociencias, en vinculación con los avances tecnológicos asociados a las expresiones de la inteligencia artificial, está transformando, de manera radical, las posibilidades de transformación del conocimiento y el aprendizaje humano, abriendo perspectivas, hasta ahora insospechadas, a la interpretación y realización del destino de los seres humanos, con enormes potenciales de beneficio y también de riesgo.

De manera un tanto paradójica, una de las principales lecciones del progreso de la ciencia y la tecnología, es que, pensar la sociedad y las organizaciones humanas a partir de ideas que funcionan para la construcción de mecanismos es atractivo, pero también es algo que resulta muy limitante.

Por una parte, como sucede en los fenómenos naturales, las sociedades y las organizaciones humanas están sujetas a fenómenos de escala. No parecen obedecer a los mismos patrones de comportamiento en lo macro y en lo micro. Se estructuran y funcionan de manera diferente, cuando se trata de controlar grandes conglomerados por la vía del poder, y cuando se pretende incidir sobre el comportamiento de los individuos en sus ambientes elementales de interacción.

Por otra parte, los estudios contemporáneos de la naturaleza nos sugieren acercarnos a las sociedades y organizaciones como lo que, en lo más fundamental son, seres vivos en continua transformación y adaptación. Seres cuyo funcionamiento y transformación se explica, sobre todo, por la continua replicación y mutación de sus componentes más elementales. Seres que no obedecen, de manera mecánica, a designios y diseños trazados por una gran arquitectura preconcebida, sino que se reorganizan de manera constante a partir del permanente esfuerzo por sobrevivir y, para ello, adaptarse y desarrollar las formas más eficaces de afirmación individual y cooperación colectiva en los contextos más diversos.