Más allá de las reformas. Investigación aplicada e innovación permanente

Superciencia. Número 94

La necesidad de vincular la investigación y los procesos de innovación con el quehacer educativo, en el contexto de las escuelas y demás instituciones educativas, puede justificarse no solo en términos la necesidad de sustentar los procesos de innovación y mejora del quehacer educativo. El desarrollo de la investigación aplicada y el sostenimiento de procesos de innovación permanente, en el ámbito de la educación, es necesario para superar algunas de las limitaciones que han enfrentado las reformas educativas.

En México, como en otros países, el desarrollo de la educación ha estado determinado, por modificaciones de las leyes, aplicables, de manera especial al sistema escolar, en lo relacionado con los niveles de educación obligatoria.

Tales modificaciones, identificadas genéricamente como reformas educativas, se han sucedido a lo largo del tiempo, impulsadas, en su momento, por las distintas administraciones en turno. En cada caso, han pretendido atender determinados aspectos del desarrollo educativo. Por su origen, sus propósitos particulares y su alcance, han tenido resultados diversos, muchos de ellos, sin duda, valiosos. Al mismo tiempo, y por razones asociadas también con sus propósitos particulares, han tenido limitaciones y, en muchos casos, han sido objeto de oposición.

La generalización del acceso a una escolarización básica para toda la población, a través de la educación pública, con las diversas implicaciones que tal generalización conlleva, puede ser considerado como el logro más trascendente de las sucesivas reformas educativas que se han impulsado en nuestro país.

El desarrollo de los servicios públicos de educación básica existentes en el país ha sido, en muchos sentidos, extraordinario. Sin embargo, es preciso señalar también que, desde la segunda mitad del siglo XX, empezó a resultar evidente que el enfoque fundamental de las reformas educativas debiera ser objeto de análisis profundo y de esfuerzos sustantivos de transformación. Entendidas, de manera preponderante, como expresión del ejercicio del poder político plasmado en la transformación de los marcos jurídicos, establecidos para normar la estructura y el funcionamiento del sistema escolar de las reformas educativas, han tenido serias limitaciones. Hago referencia a algunas de las que me parecen más notables.

Durante el periodo de expansión del sistema escolar, experimentado en México durante el siglo pasado, se hizo necesario un esfuerzo de centralización o federalización del sistema. Ese esfuerzo estuvo caracterizado por la concentración de funciones y tareas en el gobierno federal. De esa forma, la acción gubernamental se afirmó como mecanismo de distribución de los servicios y beneficios implícitos en la escolarización.

En ese contexto, se explica la expansión del sistema en vinculación con autoridad otorgada al Ejecutivo Federal por la Constitución de la República para definir los planes y programas de estudio de la educación preescolar, básica y normal, para determinar el contenido de los textos escolares, los métodos de enseñanza y las prácticas e instrumentos de evaluación.

Con el paso del tiempo, se ha hecho evidente que la diversidad de un país como el nuestro, cuya población sobrepasa ya los 125 millones de habitantes, plantea distintas limitaciones al ejercicio de esas atribuciones sobre la base de criterios homogéneos que, hace algunas décadas, pudieran haberse justificado. El centralismo implícito en la forma de concebirlas y llevarlas a la práctica que, por muchos años se consideró como incuestionable, y que aún hoy en día algunos consideran necesario, ha sido puesto, de manera reiterada, en tela de juicio.

La federalización misma se ha entendido, en diferentes momentos y circunstancias, con sentidos contradictorios: como centralización y como descentralización de la gestión del sistema escolar. En todo caso, parece necesario aceptar la inviabilidad de mantener un sistema que no tome en cuenta la diversidad de nuestra sociedad y nuestras culturas, así como de las características y situaciones propias de las personas que interactúan en el ejercicio del quehacer educativo.  

Por otra parte, el desarrollo de la educación se ha asociado, cada día de manera más clara y precisa, con la adquisición de aprendizajes de naturaleza específica y de alta relevancia para la vida de cada uno de los educandos. Con ello, se ha hecho patente que la oportunidad de ir a la escuela, sin duda digna de valoraciones positivas, pudiera resultar insuficiente, irrelevante y hasta limitante, en términos de su contribución concreta al desarrollo de las capacidades de cada quién.

Las insuficiencias de la escolarización convencional se han puesto de relieve en la comprobación reiterada de que, algunos de los aprendizajes que pudieran considerarse como de mayor relevancia para la vida, parecieran ser alcanzados por un reducido número de quienes han accedido a la escolarización formal. Al mismo tiempo, la superación de esas insuficiencias se ha asumido, también de manera cada vez más clara, como expresión primordial de la mejora de la calidad de la educación que se brinda en las escuelas.

Planteada en esos términos, la mejora de calidad de la educación supone desafíos significativos al enfoque de las reformas educativas, entendidas como ejercicios de autoridad centralizada, aplicables de manera homogénea en un país con las características del nuestro.

Cada estudiante y cada familia, cada maestro y cada escuela, dentro de una diversidad de comunidades y contextos sociales y culturales, tiene características propias. Seguir pensando que el quehacer educativo puede ser diseñado desde órganos centrales para todo el país, no solo es poco realista, es un obstáculo principal para impulsar, con eficacia, transformaciones significativas en el logro de aprendizajes relevantes para la vida de los estudiantes.

Desde luego, es necesario que, como país, aspiremos al logro de finalidades de carácter general para el desarrollo de la educación. El ejercicio llevado a cabo en ese sentido en el marco de la reforma educativa más reciente es un paso positivo en esa dirección.

Sin embargo, contando con un amplio consenso en relación a las finalidades generales de la educación en los distintos niveles de la educación obligatoria, debiera también asegurarse la posibilidad de que, desde el ámbito local y regional – de las escuelas, las zonas escolares, los municipios, las ciudades y los estados – puedan asumirse finalidades educativas propias.

En todo caso, parece aconsejable procurar que las finalidades de la educación se sustenten en consensos de la mayor amplitud posible. Sean pocas y de la mayor relevancia, se refieran al término de los distintos niveles educativos, y se conciban y expresen de manera articulada para todos los niveles de educación obligatoria. Sobre todo, debiera asegurarse la flexibilidad y propiciarse la diversidad en cuanto a los medios y los métodos utilizados para alcanzar las finalidades consensuadas, a fin de que estas puedan servir como fuente de inspiración, compromiso y responsabilidad compartida. 

En México se ha planteado la necesidad de avanzar hacia mayores niveles de autonomía escolar. Sin duda ese avance es necesario. Sin embargo, requiere también mayores niveles de autonomía sistémica: replantear el papel del Ejecutivo Federal en cuanto al establecimiento de las finalidades de la educación; substituir la concepción usual de los planes y programas de estudio con la de un Curriculum Nacional, centrado en finalidades de alta relevancia para el conjunto del país y abierto a la definición de finalidades de alcance regional y local; reconocer el papel primordial de las familias en el desarrollo de la educación; reconocer e impulsar el papel educativo de otros actores sociales, como las instituciones gubernamentales y las empresas; fortalecer la formación inicial y el desarrollo profesional de los maestros, procurando que los correspondientes programas de formación sean equiparables a los de las profesiones de mayor prestigio social existentes en el país; y, aprovechar los aportes de desarrollo científico y tecnológico en campos como la neurociencia y la inteligencia artificial, para la mejora del quehacer educativo.

Enfrentar desafíos como los que se han delineado, hace necesario complementar, y en muchos sentidos, suplir las reformas educativas concebidas como ejercicios sexenales de autoridad, aplicados de manera homogénea en todo el país, con esfuerzos sostenidos de investigación aplicada e innovación permanente. Tales esfuerzos, demandan la construcción de plataformas institucionales y programáticas adecuadas para promover e impulsar iniciativas de alcance local y regional, orientadas hacia finalidades de gran relevancia y sustentadas en amplios consensos nacionales y regionales.