Madres y mujeres exitosas en el mundo de la Tecnología

Tecnofilia. Número 106

En un mundo complejo donde la contradicción bordea acciones y pensamientos, la mujer sigue manteniendo una situación de desigualdad, a pesar de tantos emprendimientos por cambiar una condición que, tristemente, traspasa siglos y culturas.

Hoy que celebramos el día de las madres, vale la pena recordar los afanes de dos grandes mujeres, dos tecnólogas, que en diferentes siglos, una en el siglo XIX y otra en los siglos XX y XXI, dieron prueba de ser adelantadas a su tiempo. Su entrega y dedicación nos permiten ilustrar los esfuerzos que realizamos las mujeres día a día para construir una familia y una profesión o labor, buscando siempre imprimir la misma fuerza y pasión en todos los ámbitos de nuestra vida. Y aunque la mayoría no hemos generado inventos como ellas, sí hemos construido un espacio más fértil y amoroso para los demás.

Pues bien, sabemos que nunca ha sido fácil ser mujer, la condición de sometimiento ha estado presente a lo largo de la historia y mucho se ha escrito al respecto. Simone de Beauvoir, por ejemplo, planteaba que “no se nace mujer, llega una a serlo”, con lo que expresó de qué manera la cultura y las instituciones llevan a las mujeres desde su nacimiento a asumir ciertos roles y posiciones con respecto al ser y estar en el mundo. Otro ejemplo lo constituye Rosario Castellanos, a quien debemos un estudio que aborda el tema de la mujer que se somete y acata para estar y ser aceptada socialmente. Ella en su obra puntualiza aquello de “mujer que sabe latín, no encuentra marido ni tiene buen fin”, para abordar el tema de “lo femenino”, dejando ver que el mundo de la acción pareciera solo habitado por “hombres”.

Y es que, a todos, independientemente de nuestro género, nos ha costado mucho aprender a estar y aprender a ser para crecer. Y eso mismo les ha sucedido a dos distinguidas tecnólogas, cuya obra se destaca en este artículo, pues ellas a pesar de las limitaciones y de los roles estereotipados en torno a al papel de la mujer, lograron construir una sólida carrera profesional, que contribuyó en la conformación del mundo que conocemos hoy, haciéndonoslo más fácil y amigable. Tal es el caso de Ada Lovelace y Frances E. Allen.

Ada Lovelace fue hija única. Nació en 1815 en Inglaterra en el seno de una familia acomodada, su madre fue una apasionada de las matemáticas y su padre el gran poeta Lord Byron. En una vida bastante breve, porque murió víctima de cáncer a los 37 años de edad, exploró las matemáticas, la informática y la programación, siempre bajo el impulso de su madre y a pesar de las críticas de su propio mentor que hacía el señalamiento de que quería aprender demasiado, cosa que no era propia en una mujer y que no había manera de controlarla. Sin embargo, ella encontró eco en un buen amigo, Charles Babbage, quien estudiaba un proyecto para crear una calculadora mecánica. De este modo, Ada empezó a imaginar una vida distinta, donde los seres humanos pudieran controlar procesos hasta entonces insospechados. De la mano de Babbage conoció el telar de seda de Jacquard y quería aplicar este mismo sistema a los números, es decir, el mismo algoritmo a otras máquinas. Ada pretendía establecer un procesador o máquina analítica, y debido a sus estudios, a ella debemos el primer algoritmo que se destinaría a ser procesado por una máquina.

Publicó su obra, llamada Notas en la revista Scientific Memoirs en 1843, donde solo se estamparon sus iniciales en la autoría, porque no era valorada la aportación de las mujeres, y como consecuencia de eso solo se le conocía y reconocía como “la intérprete” de Babbage. Tristemente, fue hasta 1953, es decir, 110 años más tarde que se reconoció su autoría y aportación a la ciencia. Hoy se reconoce en Ada una gran científica que construyó un modelo temprano de ordenador, y a sus Notas como una descripción de su software, no por nada se le concibe como la “madre de la programación informática”, al ser la primera programadora de la historia, capaz de realizar cálculos en torno a las funciones algebraicas.

Con respecto a su vida personal, cabe destacar que en esta búsqueda del conocimiento, Ada, madre de tres hijos, abandonó su matrimonio pues no encontró eco ni ambición en su aristócrata marido, cuando ella necesitaba elevarse e ir más allá de lo impuesto. Su tiempo la marcó, y aunque intentaban aprisionarla, su espíritu creativo no podía mantenerse quieto o encerrado.

Ya en el siglo XX, en 1932, nació Frances Elizabeth Allen, mujer estadounidense que ha trabajado arduamente para favorecer el desarrollo tecnológico, y a quien en 2006 se le otorgó el Premio Turning. Este premio está considerado como el equivalente al premio Nobel, y se otorga año con año al científico más destacado en la rama de las ciencias de la computación y la informática. Cabe señalar que ha sido la única mujer en la historia que se ha hecho acreedora a este premio, lo que la coloca como una de las mujeres más destacadas de nuestro tiempo.

Su agudeza, visión e inteligencia le han permitido sentar “las bases teóricas y prácticas de las técnicas de optimización automática en compiladores (la parte del computador encargada de traducir las instrucciones de un programa a códigos entendibles por las máquinas) y la extracción automática de paralelismo (realización de una tarea repartida en procesos hechos al mismo tiempo)”. (OEI, 2008).

Allen, a diferencia de Ada Lovelace, nació en una cuna más humilde, su padre era agricultor y su madre profesora. Su pasión por las matemáticas la llevó a realizar una carrera en el New York State College for Teachers, donde se graduó, y en 1957 terminó una maestría en la Universidad de Michigan. Con el fin de pagar el préstamo que le hicieran para realizar sus estudios, empezó a trabajar en IBM, donde se mantuvo por 45 años, hasta su jubilación.

Allen estuvo casada con Theodore “Jack” Schwartz, un distinguido y premiado matemático estadounidense, informático y profesor en el Instituto Courant de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York, quien murió en 2009.

Esta carrera de éxitos de Allen en el campo de la informática lo ha complementado con dos pasiones: el montañismo y la docencia, especialmente en un esfuerzo por alentar a otras mujeres a emprender sus sueños y a hacer ciencia.

Como ellas, las mujeres hoy seguimos trabajando para construir un mundo mejor. En nuestro papel de hijos e hijas no debemos olvidar que es fundamental colaborar en la formación de los demás, así que pongamos en el centro a nuestras madres, del mismo modo en el que ellas nos han colocado en el centro de sus vidas, trabajando arduamente en enseñarnos a vivir. Ayudémoslas ahora a aprender a usar y a aprovechar la tecnología, como una forma de retribuirles lo mucho que nos han brindado, y como una forma de contribuir en el fortalecimiento de la comunicación humana, que tanta falta nos hace en este mundo complejo.

¡Feliz día, mamás!

 

Referencia
OEI. (2008). Frances Elizabeth Allen, premio Turing 2006, primera mujer que se suma al programa ConCiencia. Recuperado de http://www.oei.es/historico/noticias/spip.php?article3657

 

Bibliografía
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http://www.unblogenred.es/pioneras-de-la-tecnologia-mujeres-en-un-mundo-de-hombres-que-cambiaron-la-historia/

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https://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/ada-lovelace-la-primera-programadora-informatica-831452174403

García, A. (2015). Las mujeres más importantes de la historia de la tecnología. Recuperado de
https://computerhoy.com/listas/life/mujeres-mas-importantes-historia-tecnologia-25301?page=1