Pedagogía del oprimido

Entretextos. Número 25

A finales de 1981 me desempeñaba como maestro rural en una escuela unitaria ubicada en una cañada del Cerro del Zamorano, Querétaro, cuando leí por primera vez Pedagogía de Oprimido de Paulo Freire. Pienso que este libro me dejó muchas reflexiones y sigue invitándome a transformar los contextos sociales de la educación en México y otros países.

Paulo Freire (1921-1997) es el pedagogo latinoamericano más reconocido a nivel internacional. Brasileño, nacido en Recife, fue un maestro comprometido con los más necesitados. Participó en campañas de alfabetización en su país y en muchas otras partes del mundo. Su método permitió a las personas tomar conciencia de la problemática social y transformar su realidad. Su pensamiento sigue cuestionando la deshumanización de la gente en el horizonte de la posmodernidad. En vida fue un académico reconocido por universidades de prestigio y organismos internacionales. Su obra pedagógica es inacabada, sigue vigente y se mantiene firme en las transformaciones sociales.

Hace años, gracias a un amigo, tuve la oportunidad de entrevistar a Octavi Fullat. Este filósofo español me comentó que en la década de los setentas del siglo pasado fue a Suiza para tener un encuentro con Freire. Él pensaba que iban a charlar un par de horas y aquello se prolongó en casi una semana de diálogos intensos y conversaciones profundas acerca de la educación. “Quizás estuve frente al educador más convencido en el cambio social y educativo que vivía con la esperanza de la liberalización de los pueblos” –me hizo referencia.

Sonia Nieto, distinguida académica norteamericana, en su libro autobiográfico Brooklyn Dreams. My Life in Public Education explica como las ideas de Freire fueron inspiradoras en su trabajo educativo. En su libro, hay un pasaje que me parece muy valioso, ya que Nieto (2015) narra con una sencillez amena la visita a la Universidad de Massachusetts y cuando estuvo en su casa en 1982. Un encuentro de dos personas comprometidas con la justicia social a través de la educación.

Ahora bien, en abril de este año, durante la conferencia 2018 de la Asociación Americana de Investigación Educativa (AERA, por sus siglas en inglés) se conmemoraron 50 años de la publicación de Pedagogía del Oprimido. Sueños Radicales y Praxis Transformativas, fue una sesión de pedagogía crítica dividida en dos partes. En la primera, se presentaron aportaciones de Antonia Darder, Henry Giroux, Donaldo Macedo, Peter McLaren, Ira Shor y Nita Freire (esposa de Paulo). En la segunda, se establecieron diálogos con experiencias educativas desarrolladas en Estados Unidos y Brasil.  

Posiblemente en este año se sigan organizando eventos académicos para analizar este importante libro en diferentes ciudades del planeta. Quizás sea porque este ensayo ha sido el de mayor influencia en el pensamiento educativo, en la última mitad del siglo. Por esta razón, considero que resulta apremiante su re-lectura con el retrovisor existencial, pero con una mirada actualizada y de frente al futuro.

En el capítulo I del libro se explica la condición contradictoria de los oprimidos y los opresores. Freire describe la razón para que los hombres alcancen su libertad en comunión como una posibilidad para “ser más”. En realidad, de lo que se trata es presentar una pedagogía para que los hombres luchen por su libertad a través de procesos de reflexión-acción y acción-reflexión, como constante en las prácticas educativas.

En el segundo apartado se establece una crítica a la concepción “bancaria” de la educación, donde se busca que el alumno sea un depositario de saberes y creencias. Hace un llamado para que se supere esta condición y que intencionalmente se problematice para enfrentar los obstáculos, y de esta manera, encontrar la libertad con la “mediación” del mundo.

La dialogicidad de la educación se discute en la tercera parte del libro. El diálogo es el elemento principal para lograr la praxis educativa; es decir, la relación entre la acción y la reflexión. El diálogo es una conversación horizontal que permite la comunicación y la interacción humana. Del diálogo surge “el tema generador”, metodología de investigación acción sobre aspectos educativos con un enfoque sociocultural.

En el último capítulo se analizan las teorías antagónicas de la acción cultural. La acción antidialógica como la conquista, la división, la manipulación y la invasión cultural sirven para fortalecer la opresión. En cambio, la acción dialógica encaminada a la colaboración, la unión, la organización y la síntesis cultural favorecen la liberación.

Después de analizar Pedagogía del Oprimido he leído más libros de Freire que me parecen muy recomendables: La Educación como Práctica de la Libertad, ¿Extensión o comunicación? la Concientización en el Medio Rural, Cartas para quien Pretende Enseñar, Pedagogía de la Esperanza, El Grito Manso, entre otros textos del autor y de otros pedagogos críticos que aprecian la educación como “un proceso de liberación de energía creadora”.

En tiempos distópicos inmersos en ceguera moral, característicos de la globalización, la lectura de la obra de Freire es necesaria e indispensable para aspirar a un mundo mejor. Todos los docentes progresistas o no, comprometidos con la sociedad, pueden encontrar sentido en esta guía para la comprensión y acción educativa. Esto queda de manifiesto en las últimas palabras del libro: “Nuestra fe en los hombres y en la creación de un mundo en el que sea menos difícil amar” (Freire, 1979 p. 242).

Ahora que han pasado los años y que me encuentro en una metrópoli del noreste de México, lejana a las serranías de Querétaro, recuerdo y vuelvo a encontrar las palabras de Freire en el libro que aún se encuentra entre mis manos, que me enseñó a comprender el mundo y me orientó a pensar que el cambio social y educativo es posible, si tenemos el deber de la esperanza.

 

Referencias

Freire, P. (1979). Pedagogía del Oprimido (22ª ed.). México: Siglo XXI Editores

Nieto, S. (2015). Brooklyn Dreams. My Life in Public Education. Cambridge, Massachusetts: Harvard Education Press.