Rezago educativo

Aprender a vivir, aprender a aprender. Número 97

En este artículo y los siguientes quiero compartir algunas reflexiones sobre el desarrollo de la educación de jóvenes y adultos. Utilicé su contenido como preparación para participar en un foro organizado en días pasados por el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) y el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL).

En nuestro país, la idea del rezago educativo se refiere a la situación de las personas que, según los datos censales, no saben leer y escribir, o no han concluido, en la edad prevista para ello, la educación básica formal de carácter obligatorio. El Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) ha estimado que, en 2015, el rezago educativo era de un 34.1%. El índice de analfabetismo, según los datos del Censo de 2010, era entonces de 6.9%. A pesar de los notables logros alcanzados en la cobertura del sistema escolar existente en México, la estimación realizada por INEA representa, sin duda, un enorme desafío para la sociedad mexicana.

Cabe considerar, sin embargo, que en la actualidad resulta necesario adoptar nuevas perspectivas sobre la naturaleza y los alcances del rezago educativo. Tanto en México como en otros países del mundo, los logros o deficiencias educativas, que pueden atribuirse a los sistemas escolares, ya no se están estimando en función del tránsito oportuno por los distintos grados y niveles en los que se organiza la enseñanza escolar.

En los últimos años, los logros y las deficiencias, o puesto en otros términos, “el rezago” de la educación, se ha venido expresando cada vez de forma más generalizada y sistemática en términos del dominio de ciertos aprendizajes de naturaleza específica, que debieran ser alcanzados por los estudiantes como resultado principal de su escolarización.

Esa forma distinta de valorar el rezago educativo, o, puesto en términos positivos, esta forma de expresar “la calidad de la educación”, se refiere en la mayoría de los casos a los resultados obtenidos por los estudiantes en la aplicación de pruebas estandarizas. Instrumentos que han sido diseñados para establecer el grado de dominio alcanzado por los estudiantes de dos tipos de capacidades: las que se asocian con el lenguaje y la comunicación, mediante el uso de la lectura; y las relacionadas con la interpretación y aplicación del lenguaje matemático.

La aplicación de representatividad nacional de este tipo de pruebas, correspondiente a 2017, ha sido realizada por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), en el marco del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA). De conformidad con los resultados de esa aplicación, de cuatro posibles niveles de desempeño de los aprendizajes correspondientes, la mayoría de los estudiantes se ubicó en los dos niveles inferiores: 73 %, en el caso de lenguaje y comunicación; y, 86 % en el caso de matemáticas.

Por lo que se refiere a las condiciones en las cuales se genera y reproduce el rezago educativo, cabe destacar que, en lo sustantivo, este suele atribuirse a los mismos factores, ya sea que se refiera al cumplimiento del proceso de educación formal obligatoria o al logro de aprendizajes considerados como de alta relevancia.

Diversos análisis muestran que, desde el punto vista social, el rezago es una manifestación más de la pobreza. Las condiciones de vulnerabilidad, desventaja y marginación que se derivan del contexto familiar, socioeconómico y cultural, han sido propuestas, de manera reiterada, como factores explicativos de que más de una tercera parte de los jóvenes y adultos que hay en nuestro país no hayan podido concluir su educación secundaria. También se han planteado como explicación de las notables deficiencias mostradas en el dominio de los aprendizajes alcanzados por los estudiantes.

Aunque no pretendo desconocer la importancia del rezago educativo en términos del tránsito por el trayecto escolar, para tejer los puntos de vista que quiero compartir centraré mi atención en la interpretación del valor y la relevancia de la educación, como esfuerzo para propiciar aprendizajes de alta relevancia para la vida. Procederé de esta manera porque considero que es la perspectiva más adecuada para aproximar algunos de los temas centrales que pueden vincularse con el desarrollo de una educación significativa para la vida de las personas, en particular para la educación de jóvenes y adultos.

Me parece que, a lo largo de los años, las búsquedas y esfuerzos promovidos desde el ámbito de la educación de jóvenes y adultos ha sido un esfuerzo constante por construir opciones educativas relevantes para la vida de las personas. Al adoptar ese enfoque, pretendo, también, reconocer la diversidad y riqueza de experiencias que se han gestado en México y América Latina, en torno a la educación de jóvenes y adultos.

No puedo dejar de señalar, que por cerca de setenta años el CREFAL ha sido un testimonio vivo, y en muchos casos un acompañante comprometido de la multiplicidad de esfuerzos impulsados por generaciones de educadores para impulsar aprendizajes relevantes para la vida de las personas, más allá de los contextos escolarizados.

Reconozco, sin reserva, la importancia de la educación formal, y sobre todo la necesidad de garantizar que las nuevas generaciones tengan la oportunidad de acceder a un sistema escolar que les permita adquirir aprendizajes de alta relevancia para la vida. Sin embargo, al mismo tiempo acepto que la escolarización no garantiza, por sí misma, la adquisición de algunos de los aprendizajes de la mayor relevancia. Por ello, al referirme a las condiciones propicias para asegurar el acceso a una educación digna, relevante y transformadora, quiero destacar la relevancia como característica determinante, y como fundamento de la dignidad y capacidad transformadora del quehacer educativo.